Retrato


La apariencia exaltada

La figura humana es, probablemente, lo que mejor conocemos de todo cuanto podemos dibujar o pintar. Y es que cada uno de nosotros cuenta con su propio cuerpo. Sin embargo, la anatomía humana es también lo más difícil de representar. Y es más difícil, precisamente, porque estamos tan familiarizados con ella que siempre podemos exigirnos más.

Si resulta complicado sintetizar a la especie en el lienzo, lo más inasequible de todo es el retrato de cada individuo concreto.Una mujer no es la sonrisa que la enaltece ni la tristeza que la embarga. Multitud de sentimientos aflora al rostro en sucesivas ocasiones y cada persona es su vitalidad y, también, su melancolía.

Un retrato literario puede conjugar todas las emociones observadas, hasta las más sutiles y casi imperceptibles. En cambio, a la hora de representar a alguien en el lienzo, tenemos que escoger un único estado de ánimo, por más complejo que éste sea, y evidenciar nuestras más finas percepciones para conseguir el parecido de la persona retratada y para lograr que, además, su imagen aparezca viva, respirando. Mañana, fatalmente, dejará de existir nuestro modelo. Si nuestro retrato es bueno, su memoria latirá, exaltada por el caprichoso juego de las pinceladas.