Cuaderno de viajes


La caligrafía de las emociones

Cuando, además de consentir que nos envuelva el paisaje, lo analizamos y dejamos constancia en el cuaderno de nuestra percepción del mismo, estamos intensificando las propias vivencias y emociones suscitadas por cada recodo de nuestra incesante peregrinación. No importa si adoptamos las palabras o las imágenes para fijar en el papel la fugacidad de las impresiones viajeras.

En mis viajes, he tomado apuntes, más o menos rápidos, a lápiz, con rotuladores, a la acuarela y, sobre todo, con pinceles de carga autónoma de tinta -¡qué gran invento!-.Aprovecho mis estudios de anatomía para captar el movimiento y mi experiencia como guionista y dibujante de tebeos para dotar de anécdota a cada apunte. La práctica continuada de la pintura china me estimula a sugerir mediante manchas que aluden a una realidad equívoca, en la que el juego de lleno y vacío acrecienta la profundidad y, también, el misterio que propicia la indeterminación.

Al cabo de una jornada, resulta muy estimulante ojear con la mirada veinte apuntes de los lugares y también de las gentes que nos han emocionado, apuntes que dormirán en nuestro cuaderno hasta que decidamos volver a hojear sus páginas. Y no es necesario desplazarse hasta el Yemen, Tailandia, Egipto, Indonesia, Laos, Camboya, Vietnam o la India. Con cierta regularidad, tomo apuntes por el Valle de Ricote o en el Puerto de Mazarrón, con mis alumnos de pintura china.Una foto es un recuerdo mucho más personal que la más espléndida postal. En tu propio apunte siempre aflorarán las emociones vividas con mayor intensidad que en todas tus fotos.