El arte secuencial


La elipsis narrativa en viñetas

Nada en esta vida me ha procurado placer más intenso y duradero que contar historias con ese híbrido que se sirve de la palabra y de la imagen dibujada: el tebeo. El tebeo, como el cine, es en realidad literatura. Los historietistas escribimos, primero, y dibujamos, después, nuestros relatos, que pueden equipararse a cuentos o a novelas, por su intención y por su extensión. Una parte de lo que deseamos comunicar a nuestros lectores lo expresamos mediante las imágenes y otra la transmitimos con palabras. Como el cine, que se inventó después que los tebeos.

A menudo, el historietista se responsabiliza de todo, desde la idea para el argumento, su desarrollo en el guión técnico y la puesta en imágenes del relato.

Propongo un repaso desde la manera de explotar el potencial creativo de cada persona para escribir sus propios argumentos, averiguando qué es lo que quiere contar y analizando a quién puede interesarle su relato.
La realización del guión técnico es el momento de parcelar la historia en páginas y las páginas en viñetas, aplicando la elipsis narrativa. Se descarta lo superfluo y se enfatiza aquello que consideramos más importante para impactar a nuestros lectores y para que comprendan mejor el mensaje.
Definimos a nuestros personajes, de acuerdo con los datos del relato, y los representamos gráficamente. Para que parezcan más humanos, vivos y auténticos, si no queremos caer en los estereotipos, podemos retratar a gente de nuestro entorno o, mediante fotos, de países remotos.

Recreamos la ambientación documentándonos acerca del lugar y la época en que transcurre la acción: desde la arquitectura y los medios de transporte hasta el vestido y los uniformes o muebles y utensilios domésticos o de cada oficio… Como cuando los cineastas localizan exteriores.

Ya podemos componer cada una de nuestras páginas, como una unidad cohexionada, subdividida en las viñetas que proceda. Cada viñeta requiere su propia composición, de acuerdo con el peso de la parte de la acción que le confiaremos, y todas mantendrán un equilibrio en el conjunto de la página, para que la lectura resulte clara y ágil. Un boceto de la página nos sirve para estudiar lo más conveniente para la fluidez del relato .

Como hay que sopesar muy diversos elementos, delimitamos cada viñeta y las dibujamos todas a lápiz, reservando el espacio para los bocadillos y didascalias que contendrán los diálogos y textos de apoyo.

Rotulamos los textos y delimitamos los cercos de las viñetas. Se pasa a tinta todo lo dibujado, mediante plumilla y pincel.
Coloreamos una fotocopia de buena calidad y en papel adecuado para la acuarela o las tintas que empleemos para ello.

Un curso para transmitir estos conocimientos y efectuar las prácticas correspondientes de manera satisfactoria requiere un gran número de horas, durante meses. Y, siempre, entendiendo que los alumnos tengan ya facilidad para el dibujo y una buena base que abarque la perspectiva y la figura humana en movimiento.

Aquí, entre otros ejemplos, podemos ver el primer episodio completo de “El manga supremo”, en ocho páginas, de las que las 5 y 6 constituyen un conjunto o doble página con una sola viñeta. Cuenta la vida y los avatares de Katsusika Hokusai, el más conocido dibujante de estampas japonesas, cuya biografía me impresionó cuando lo descubrí de niño en un tebeo de la mejicana editorial Novaro. Y probablemente determinó la mía en buena medida, ya que todavía hoy constato paralelismos, cuando voy alcanzando algunas de las edades que él recorriera.